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Exposition “Miradas encontradas”

15 février 2011

L’ADFE et l’institut français de Madrid vous proposent d’assister à l’exposition “Miradas encontradas” où seront présentées les oeuvres des peintres: Michel Desfeux et Sylvain Mâlet.

Salle des expositions de l’institut Français de Madrid du 3 au 26 mars 2011.

C/ Marqués de la Ensenada,10 – 28004 Madrid – Metro Colón

 

Par Sylvain Mâlet

 

Par Michel Desfeux

 

Présentation de Sylvia Miranda Lévano de ce duo.

BÚSQUEDAS Y REAPROPIACIONES

Pero, ¿qué sería recuperable si antes no fue

Sacudido, renegado, desdicho, trasfigurado?

Emilio Adolfo Westphalen

Con estos incitadores versos del poeta peruano E. A. Westphalen, que nos conducen a uno de los centros neurálgicos de toda creación artística, la reapropiación y transformación de todo lo existente, quiero animar unas breves reflexiones sobre la muestra que reúne los trabajos de Michel Desfeux y Sylvain Mâlet.

La apuesta por presentar en un mismo espacio dos obras objetivamente distintas, tanto desde el punto de vista material como conceptual, es de por sí un reto, una sacudida, diría Westphalen, una experiencia artística nueva para el espectador. La sorpresa, la extrañeza, el hallazgo que se experimenta son la confirmación de un lenguaje que extiende nuevas coordenadas, como lo explicaron en su día los surrealistas recogiendo y exaltando las experiencias de la modernidad estética. Cada espectador tiene, en este sentido, la última palabra.

Pero, ¿dónde están los puntos de contacto que unen estas dos manifestaciones pictóricas? No están, como es evidente, en los resultados, salvo en la exquisita pulcritud de ambos trabajos, sino más bien en los prolegómenos, lo que los franceses llaman de forma familiar la cuisine, el trabajo inicial, la predisposición artística, la elección de los materiales, la búsqueda personal. El espacio donde todo está por encontrarse.

La obra de Desfeux parte de la concepción de un trabajo en tres dimensiones. Sospecho que sería difícil adivinar si primero su imaginación había determinado la forma cilíndrica de expresión o si, en sus vagabundeos por la ciudad, un tubo de cartón, abandonado entre los escombros, lo encontró a él y se impuso como punto de partida para su obra. Lo que sabemos es que ese instante fue decisivo y que determina, asimismo, una forma de enfrentar el arte, a partir de elementos sencillos, cotidianos, elementales, capaces de mantener una relación con el elemento principal, el cilindro. De esta manera, llegan sin mayor premeditación las cerillas, las ramas, las algas, las cestas de mimbre que descompone en pequeños trozos, las cuerdas, materiales que configuran la cara artesanal del trabajo. La transformación minuciosa, respetuosa de la forma hallada en origen, la manipulación pausada, convierten el tiempo de la obra, en el placer de la obra. El azar de todo hallazgo y la lenta transformación del trabajo son el compás de origen del arte de Desfeux.

En el caso de Mâlet, su gran afición por encontrar objetos sorprendentes en los lugares más insospechados, nutre una imaginación habituada a lo imprevisible, un gusto por lo diverso y una disposición clave a conciliar elementos heterogéneos que, en su obra, pasan al plano conceptual a través de las múltiples citaciones de la historia del arte clásico y contemporáneo. En el trabajo de Mâlet la parte intelectual tiene una gran presencia. La búsqueda y el hallazgo de las fuentes, muchas de ellas librescas, otorgan a su labor una propuesta reflexiva sobre la historia actual, sobre le mundo de la ciencia y de lo popular. Al mismo tiempo, permite una revisión y confrontación del pasado, de los mitos y de la simbología sacra y pagana que, siendo un elemento a priori, no deja de propiciar una lectura abierta, múltiple, determinada por la esencia misma de la representación plástica y por el carácter inusitado de los elementos culturales en juego.

Tanto en Desfeux como en Mâlet el hallazgo es fruto de una predisposición a permanecer al acecho de lo inesperado. Representa la actitud vital, distinta, del artista, frente a la claudicación de la mirada, a la uniformización de las formas, a la castración de la imaginación y sus posibilidades. André Breton afirmaba en este sentido, C’est l’attente qui est magnifique. Porque la espera del artista es un tiempo abierto, ansioso, una inmensidad que espera ser poblada. Mantenerla en los tiempos que corren comienza a ser, otra vez, una forma de resistencia. De allí las complicidades de dos artistas cuyas obras, siendo tan diferentes, nacen y conviven en el espacio de un taller compartido, tal vez por esa misma razón, por la coincidencia espiritual y la divergencia expresiva, las miradas y las reflexiones cotidianas han sabido construir un tejido de afinidades y experiencias comunes, resguardadas en el interés y la atracción de lo bien distinto.

De esta manera, como si fueran dos senderos que se bifurcan sin queja, la propuesta de Desfeux elige, digamos, el sendero junto al lago, las formas aglutinantes, los espacios líricos, la sutil indefinición del agua que vemos en la difuminación de sus pinceladas sobre los tubos. Si el sentido tridimensional y vertical de su obra de base traviste lo inaprensible de lo musical, la intensidad y la altura, en sus últimos trabajos se irá decantando por una suerte de pastoral, que algunos podrían adjudicar fácilmente como rasgos étnicos, pero cuyos contenidos, sin embargo, están más cerca de los meandros de ríos apacibles, de los colores ocres de la tierra en estío, de la cosecha de trigo a campo abierto, de una naturaleza no caracterizada por el exotismo ni por lo salvaje sino por la libertad de lo que se va creando así mismo y, en ocasiones, por un cierto preciosismo en las formas, en esas aplicaciones de dorado que iluminan varios conjuntos. Las hojas, como nuevo motivo, confirma la fragilidad en que se mueve todo el quehacer de este trabajo, en lo espiritual y en lo material.

Mâlet toma el camino hacia las profundidades del bosque, se adentra por sus sendas, entre las veleidades de jardines del Edén y oscuros temores medievales, lugar de transformación, de salvación y de pérdida. La vegetación es el espacio de un génesis mítico, intemporal, que recomienza sin descanso, del cual el génesis bíblico es sólo el arquetipo, el emblema. Esta regeneración que atiza desde las profundidades de la tierra se rebela en la erupción, en el fuego, o hablar de la propia naturaleza simbolizada en el volcán. En sus cuadros la naturaleza –agua, tierra, aire o fuego– es la protagonista, el personaje mayor entre los personajes. Los otros, los seres humanos, sus mitos, sus errares, sus técnicas, sus ciencias, sus dominios, son el conflicto, instauran el desorden. Y su pintura aspira siempre a un nuevo orden. Es desde un soporte y bajo una técnica clásicos, que los contenidos eclosionan y se subvierten, transgreden y elaboran la nueva realidad. Un ejemplo muy claro es el orden celeste en el que se inmola Dolly, cordero pascual, desorden científico que el arte y la piedad armonizan.

Miradas encontradas es así una muestra de dos experiencias artísticas figurándose fuera del emplazamiento cotidiano, juntas por primera vez, en esta bella sala del Institut Français de Madrid, espacio idóneo para acoger y promover esta singular propuesta apoyada por la Association Démocratique des Français à l’Etranger.

Sylvia Miranda Lévano

Escritora

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